EL ARCHIVO COMO UNA JAULA: CUANDO EL DIRECTOR CREATIVO DISEÑA PARA EL PASADO

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EL ARCHIVO COMO UNA JAULA: CUANDO EL DIRECTOR CREATIVO DISEÑA PARA EL PASADO

En la moda existen dos tipos de casas: aquellas en las que su fundador continúa diseñando y vigente, y aquellas que hoy son representadas por nuevos directores creativos. Hemos leído en múltiples ocasiones que navegan en “el archivo” editorial para reimaginar clásicos, basar colecciones o rescatar aspectos emblemáticos del pasado para llevarlos a un contexto contemporáneo mientras mantienen el espíritu y la personalidad de la marca; pero, ¿cuándo se excede la referencia y comienza a limitar la visión creativa del diseñador?

Uno de mis ejemplos favoritos cuando se trata de mantener vigencia e historia y, al mismo tiempo, expandir el universo de una casa es el caso de Schiaparelli con Daniel Roseberry. En cada presentación mantiene el surrealismo con el que Elsa fundó la maison; también rescata íconos y siluetas del pasado, pero lo mantiene vigente con la técnica, la teatralidad y la creación de piezas de admiración que le hablan a la mujer actual y al artista en búsqueda de inspiración. Se percibe una influencia de lo antaño, pero también del presente, creando una imagen que queda a la posteridad y habla por dos mentes con respeto.

Podemos estar cansados de leer: “vi la historia, vi el archivo…”, pero es esencial. Cada marca ha construido un legado a través de los ojos de sus fundadores. Si un director creativo quisiera llevar su visión a la realidad, puede hacerlo a través de su propia marca. Diseñadores como Jonathan Anderson o Glenn Martens mantienen universos muy personales; sin embargo, cuando se trata de dirigir casas con una herencia tan marcada, el reto consiste en fusionar esa personalidad con los códigos emblemáticos de la maison, abriendo un nuevo capítulo donde se note su liderazgo como un gesto elegante e innovador, no como una imposición al cambio.

Así que sí, seguiremos leyendo sobre el archivo hasta la disolución de las marcas. Ese ADN ya ha sido marcado y gracias a él hemos visto etapas maravillosas como Galliano en Dior, McQueen en Givenchy o Lagerfeld en Chanel. Sin embargo, el uso de este legado para crear colecciones casi homónimas puede llevar a la pérdida de identidad y se corre el riesgo de transformar el devenir creativo en una “etapa más”, una que habla con claridad sobre la mente del diseñador más allá de su adaptabilidad a la maison.

Otro de los problemas más grandes al momento de reinterpretar estos acervos es tomarlos de manera demasiado literal. Se vale correr riesgos, como Duran Lantink en Jean Paul Gaultier, quien tomó sus siluetas de esponja y las llevó a la picardía característica de la marca. ¿Se vieron ambos? Sí, pero no logró la aceptación de los críticos. Aun así, ambos universos estuvieron ahí, en equilibrio. Cuando un diseñador referencia piezas del pasado, escenografía e iconografía y crea una especie de réplica, la colección no aporta nada a la actualidad ni al patrimonio creativo de la casa.

Como ejemplo tenemos la última colección Fall/Winter 2026 de McQueen, a cargo de Seán McGirr, donde se tomaron piezas del legado de la firma y se transformaron en siluetas “cotidianas” sin demasiada coherencia, evocando pasarelas como VOSS o The Widows of Culloden. En ese riesgo, la colección parecía un ensayo universitario sobre lo que es McQueen, más que una visión destinada a la posteridad, como había sucedido en etapas anteriores de la casa.

Entender al padre de la marca en la que se trabaja es difícil: implica sustraer la esencia y los conceptos de sus fundadores para comprender su mente. Más allá de replicar, el archivo de una casa de moda no debería limitar a sus creativos; existe para expandir su universo, en palabras simples. Louise Trotter en Bottega Veneta entiende que el mensaje de la marca es llevar lo poco convencional a la grandeza y lo ha realizado con precisión, pero también existen casos como Maria Grazia Chiuri en su etapa en Dior, donde esa interpretación parecía pasar más desapercibida.

Me gusta pensar en la perdurabilidad de las casas. Cuando se trata de negocios multimillonarios y de una invitación a formar parte del libro de la historia de la moda, la sustancia y el appeal son indispensables. Se dice que cerrar un momento couture puede detonar grandes ventas de perfumes para las casas, así que cada prenda debe crear un instante, debe invitar a quien la vea a inspirarse, más allá de adquirirla. El nombre pesa, y por eso la tarea nunca es sencilla.